A cinco días de la tragedia que sacudió a Venezuela, el panorama es desgarrador. Las réplicas del doble sismo (de magnitudes 7,2 y 7,5) —clasificado entre los más violentos en la historia de la región— han dejado un saldo oficial provisorio de 1.450 víctimas fatales y más de 3.000 heridos, mientras los equipos de emergencia continúan la búsqueda incansable de sobrevivientes entre las ruinas.
En medio del caos, el arquero argentino Lautaro Morales logró regresar al país junto a los suyos y relató el drama que le tocó vivir en Caracas, donde actualmente juega para la Universidad Central.
Cuarenta segundos de terror
El exguardameta de Lanús, Newell’s y Talleres se encontraba descansando cuando la tierra empezó a ceder. En diálogo con Radio La Red, Morales recordó el instante exacto en que la normalidad se quebró:
“Estaba durmiendo la siesta con mi hijo más chico y mi esposa estaba en el comedor con el mayor. Sentí que la cama se movía por completo. Lo único que atinamos a hacer fue refugiarnos en la habitación, abrazar a los nenes y taparlos. En ese momento solo pensé: ‘Que sea lo que Dios quiera’”.
La experiencia fue tan traumática que el futbolista se negó a regresar a su vivienda, ubicada a escasos minutos del epicentro de los derrumbes en la capital venezolana. Durante los días posteriores, la familia encontró asilo gracias a la solidaridad de Francisco Solé, compañero de equipo y compatriota de Morales.
A pesar de que su préstamo con la Universidad Central tiene vigencia por cinco meses más, el futuro deportivo de Morales es una incógnita. El futbolista admitió el dilema que enfrenta debido al estado emocional de su entorno:
“Si me toca regresar a cumplir el contrato, lo haré solo; no voy a exponer otra vez a mi familia. Ellos están en shock y me suplican que no vuelva. Le pedí al entrenador que me mantenga al tanto de la situación, hoy todo es incertidumbre”.
